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    Cuando alguien habla del trastorno por déficit de atención, la imagen que suele venir a la cabeza es la de un niño que no puede estar quieto. Uno que interrumpe en clase, que se levanta sin permiso, que tiene dificultades para esperar su turno. Pero esa imagen solo representa a una parte de los niños con este trastorno.

    Existe un subtipo que no hace ruido. Los niños que lo tienen son tranquilos, parecen pensativos o simplemente despistados. No generan conflictos. No llaman la atención de nadie. Y precisamente por eso pasan desapercibidos durante años, mientras sus dificultades afectan directamente a su aprendizaje y a su autoestima.

    Si crees que un niño de tu entorno puede tener este trastorno, este artículo te da la información que necesitas. Aquí encontrarás qué es el TDA sin hiperactividad, cómo reconocerlo y qué pasos concretos dar cuando detectas señales de alerta.

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    ¿Qué es el trastorno por déficit de atención?

    El trastorno por déficit de atención es un trastorno del neurodesarrollo que afecta a la capacidad del cerebro para regular la atención de forma sostenida, gestionar la memoria de trabajo y controlar el esfuerzo cognitivo. No está relacionado con la inteligencia ni con la voluntad del niño.

    El DSM-5, el manual diagnóstico de referencia en salud mental, distingue tres subtipos dentro del espectro del TDA/TDAH. El tipo predominantemente inatento —conocido como TDA—, el tipo hiperactivo-impulsivo y el tipo combinado. En el subtipo inatento, el componente motor e impulsivo no aparece o es mínimo.

    La ausencia de hiperactividad es lo que convierte a este subtipo en el más difícil de detectar. Un niño con TDA sin hiperactividad no interrumpe, no se mueve en exceso y no genera quejas visibles en el entorno escolar. Lo que sí hace es desconectarse con frecuencia, olvidar las tareas, perder materiales y tener dificultades constantes para organizar su trabajo. Eso raramente activa las alarmas.

    Los datos confirman esta realidad. Se estima que entre el 3% y el 7% de los niños en edad escolar tienen alguna forma de TDA o TDAH. El subtipo inatento es el que con mayor frecuencia queda sin diagnosticar. Además, las niñas presentan este tipo con más frecuencia que los niños, lo que añade otra capa de invisibilidad al problema: muchas llegan a la adolescencia, o incluso a la edad adulta, sin haber recibido nunca un diagnóstico.

    El impacto de no detectar el trastorno a tiempo es real y acumulativo. Un niño con TDA sin diagnóstico puede desarrollar baja autoestima, frustración crónica y rechazo hacia el entorno escolar. No porque tenga menos capacidad que sus compañeros, sino porque lleva años intentando adaptarse a un sistema que no tiene en cuenta sus dificultades neurológicas.

    Conocer qué es el trastorno es el primer paso. El siguiente es saber cómo reconocerlo en el día a día del niño.

    ¿Cómo detectar el trastorno por déficit de atención sin hiperactividad en niños?

    Detectar el trastorno por déficit de atención sin hiperactividad, cómo detectarlo de forma fiable, exige conocer los síntomas específicos del subtipo inatento. La señal principal no es el movimiento excesivo, sino la desconexión: el niño está físicamente presente, pero cognitivamente ausente durante periodos prolongados.

    Los síntomas del TDA de tipo inatento que recoge el DSM-5 son los siguientes. Para señalar un posible trastorno, deben estar presentes al menos seis de ellos de forma persistente:

    • Dificultad para mantener la atención en tareas o actividades lúdicas, especialmente en las que no resultan inmediatamente estimulantes o novedosas.
    • Parece no escuchar cuando se le habla directamente, incluso en ausencia de distractores visibles en el entorno.
    • No completa las tareas que comienza: deberes, encargos domésticos o proyectos escolares quedan a medias de forma habitual.
    • Comete errores frecuentes por descuido en el trabajo escolar o en otras actividades que requieren atención sostenida.
    • Dificultades para organizar tareas y actividades de forma autónoma y eficaz, con tendencia al desorden constante.
    • Evita o rechaza activamente las tareas que exigen esfuerzo mental prolongado, como los deberes o las lecturas extensas.
    • Pierde objetos necesarios para el trabajo escolar o las actividades cotidianas: lápices, libros, agenda o material deportivo.
    • Se distrae con facilidad ante estímulos externos que otros niños de su misma edad ignoran sin dificultad aparente.
    • Se olvida de actividades cotidianas, incluso de las que realiza de forma habitual y que forman parte de su rutina diaria.

    Para que estos síntomas apunten a un posible TDA, deben cumplir tres condiciones. Tienen que estar presentes durante al menos seis meses. Tienen que haber aparecido antes de los 12 años. Y tienen que generar dificultades en dos o más contextos distintos: casa, colegio o actividades extraescolares.

    La diferencia entre un niño despistado y uno con TDA no está en los comportamientos en sí. Está en la frecuencia, la intensidad y el impacto real que tienen en su vida diaria. Un niño con TDA sin hiperactividad no elige desconectarse. Su cerebro tiene una dificultad neurológica real para sostener la atención durante periodos prolongados.

    Si identificas varios de estos signos de forma constante y en distintos contextos, el siguiente paso es actuar. No para alarmarte, sino para dar el proceso diagnóstico con información clara y en el orden correcto.

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    ¿Qué hacer cuando detectas señales de TDA sin hiperactividad?

    Identificar los signos es el punto de partida. Lo que marca la diferencia en el desarrollo del niño es saber qué hacer a continuación. Hay un proceso claro que conviene seguir, y adelantar etapas puede dificultar tanto el diagnóstico como el acceso al apoyo adecuado. A continuación te explicamos cada fase.

    Consultar con el pediatra

    El pediatra es siempre el primer punto de contacto. No realiza el diagnóstico del TDA, pero puede descartar otras causas médicas con síntomas similares, como problemas de visión, audición o ansiedad infantil. También orienta la derivación al especialista más adecuado según el perfil del niño. No esperes a tener pruebas definitivas: si llevas meses observando los signos de forma constante, es el momento de consultarlo.

    Solicitar una evaluación neuropsicológica o psicopedagógica

    El diagnóstico del TDA lo realizan psicólogos clínicos, neuropsicólogos o psicopedagogos con experiencia en trastornos del neurodesarrollo. La evaluación combina entrevistas con el niño y la familia, cuestionarios para padres y tutores personales del colegio y pruebas estandarizadas de atención, memoria de trabajo y función ejecutiva. No existe una prueba diagnóstica única y definitiva: el diagnóstico es clínico y requiere evaluar el comportamiento del niño en varios contextos.

    Informar al entorno escolar

    El colegio tiene un papel fundamental cuando está bien informado. Comunicar la situación al equipo de orientación y a los tutores personales del niño permite poner en marcha adaptaciones metodológicas con impacto directo en el rendimiento académico. Estas adaptaciones no sustituyen al tratamiento, pero lo complementan de forma cotidiana y pueden marcar una diferencia significativa en la experiencia escolar del niño.

    Establecer rutinas y estrategias en casa

    En el entorno familiar hay mucho margen de actuación. Las rutinas predecibles, los recordatorios visuales y las tareas divididas en pasos pequeños y manejables ayudan al niño a gestionar mejor sus dificultades atencionales. No se trata de hacer el trabajo por él. Se trata de organizar el entorno para reducir la carga cognitiva y facilitar la concentración de forma natural y sostenida.

    Valorar el tratamiento multimodal

    El abordaje del TDA sin hiperactividad suele ser multimodal. Combina intervención psicológica centrada en la autorregulación, apoyo psicopedagógico y, en algunos casos, tratamiento farmacológico. La decisión sobre la medicación la toma siempre el médico especialista junto con la familia, después de evaluar el caso de forma individual y valorar el impacto funcional del trastorno en la vida del niño.

    Formarte para identificar y acompañar el TDA

    Padres, educadores y profesionales que trabajan con niños necesitan una base de conocimiento sólida para reconocer y acompañar este tipo de trastornos. Formarte en psicología infantil, neuropsicología o psicopedagogía te da las herramientas necesarias para detectar señales tempranas, interpretar evaluaciones clínicas y actuar de forma coherente con las necesidades del niño. Si formas parte del entorno de un niño con TDA, o si trabajas en el ámbito educativo o sanitario, adquirir contenidos especializados en esta área es una de las decisiones más útiles y con mayor impacto que puedes tomar.

    El TDA sin hiperactividad no desaparece con el tiempo si no se detecta y se aborda de forma adecuada. Pero con un diagnóstico correcto, el apoyo del entorno familiar y escolar y las estrategias de intervención apropiadas, los niños que lo tienen pueden desenvolverse con normalidad. El primer paso siempre es el mismo: conocer el trastorno para poder reconocerlo.