Es bien sabido que la comida puede alegrarnos un momento y hacernos sentir mucho mejor. Es impresionante cómo el estado de ánimo puede estar muy relacionado a los alimentos que consumimos. Esto se ve reflejado, sobretodo, cuando se sufren períodos de estrés emocional. Es en estos momentos cuando cambiamos de dieta y hacemos platillos que nos proporcionan una sensación reconfortante, y son mejor conocidos como comfort food. Aunque no lo creas, es una forma de comer que se ha vuelto tendencia entre las jóvenes generaciones. ¿Quieres saber en qué consiste exactamente esta forma de comer? Sigue leyendo o consulta nuestra Maestría en Dietética y Nutrición.

¿Qué es la comfort food?

La comfort food engloba a los alimentos ricos en carbohidratos y simples de preparar, específicos para cada cultura. Estos hacen referencia a los platos caseros hechos con ingredientes naturales y de calidad que transportan a las personas a sus orígenes. En verdad, no tienen ninguna relación con las técnicas gastronómicas gourmet y de vanguardia, ya que esta tendencia surgió en los años 70.

Esta forma de comer hace que nuestro cuerpo y mente se conecten emocionalmente y revivan recuerdos de la infancia. En definitiva, es puramente tradicional y nos hace sentir en casa.

Ejemplos de comfort food

Como ya lo hemos dicho, son preparaciones fáciles y calóricas que refuerzan el gusto por comer abundante y sabroso. También, son recetas que sirven como remedios para curar heridas físicas o emocionales. Es, sencillamente, el pedazo de pastel de chocolate para el consuelo amoroso, el caldo de pollo de la abuela para aliviar la gripe o un té para el dolor estomacal. Hasta el pan casero a media tarde o las ensaladas de frutas que nos remontan a las playas en verano.

La verdad, comer así puede provocar que te surjan emociones nostálgicas. Esos sentimientos que ahora parece nos saludan por cualquier rincón de la casa. Aceptémoslo, en la cuarentena también se vale darse el gustito culinario para tratar con cariño nuestro estado emocional. Además, es una buena opción para consumir platillos relacionados con nuestro entorno, que tenga sabores familiares y que promuevan los productos locales.

La comida como motor de resiliencia

Seamos sinceros, sería increíble poder comer nuestra comida favorita tradicional cada día, sin remordimiento. Pero, como en todo, los excesos no son buenos. A parte, ¿no creen que se disfruta más la comfort food si se consume de vez en cuando? Además, la capacidad de resiliencia también se mide en la comida que elegimos durante los momentos difíciles. Por eso, es mejor dejar nuestro pastel o caldo para esos momentos de cariño personal.

No obstante, puede que comer estas sabrosuras solo nos haga sentir bien por un periodo corto de tiempo y que a la larga tenga sus consecuencias. Así que, por qué no empezar a preparar una comfort food como dieta diaria con ingredientes que tengan mayor valor nutricional. Así, las próximas generaciones tendrás su confort gastronómico más sano y evitarán mayores problemas de salud.

Por ejemplo, la ingesta de pescado azul, lácteos, huevos, setas, o cualquier alimento rico en vitamina D, ayuda a las mujeres a tener menor riesgo de padecer depresión. O, el consumo de fruta y verdura puede tener cargas positivas en la salud mental de mayores y jóvenes. También, las uvas, frutos rojos, granada y cacahuates mejoran el estado de ánimo. Por lo tanto, una dieta mediterránea favorecería el bienestar y la salud emocional.

Así pues, aunque te produzca mejores sensaciones la comfort food, la evidencia actual apunta a que una alimentación variada y equilibrada ayuda a prevenir enfermedades. Así como a cuidar la salud mental y mejorar el estado de ánimo a largo plazo.

 

 

 

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