¿Te ha pasado alguna vez que no puedes dejar de pensar en algo por mucho tiempo?¿Has experimentado sensaciones de frustración o ansiedad por querer quitar algún pensamiento perturbador de tu mente y no poder? Si te has sentido incapacitado por alguna de estas situaciones, es posible que hayas sufrido de pensamientos intrusivos, algo que le suele pasar a mucha gente. Así que, hoy te contamos qué son y cómo puedes gestionarlos para evitar el sufrimiento.

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¿Qué son los pensamientos intrusivos?

Los pensamientos intrusivos nacen a partir de las obsesiones que se repiten y perturban la mente por mucho tiempo a pesar de no querer pensar en ello. Son aquellos pensamientos desagradables, inútiles y disfuncionales que acaban viniendo una y otra vez, quitando la calma y dificultado la concentración.

Muchas veces, los pensamientos pueden convertirse en el eje de nuestra vida si no se trabaja sobre ellos. Esto es así porque al poner toda la atención sobre estos pensamientos, excluimos la realidad que nos rodea y no podemos dirigir nuestra energía a otros estímulos. Por ello, se ha visto que el pensar demasiado las cosas es uno de los problemas más frecuentes en nuestra sociedad, ya que puede producir ansiedad, sufrimiento e incapacidad.

¿Por qué aparecen los pensamientos no deseados?

En ocasiones los pensamientos obsesivos aparecen precisamente porque no queremos actuar de esta manera. Y pueden ser sencillamente la cosa más inapropiada que puede imaginar nuestra mente, pero ¿adivina qué? Intentar no tenerlos y empujarlos lejos genera el efecto contrario. Cuando nos preocupamos en exceso por los pensamientos intrusivos, y nos esforzamos por eliminarlos, podríamos llegar a generar un tipo de Trastorno Obsesivo Compulsivo. En estos casos, la persona evita las actividades que podrían producir los malos pensamientos. Si estas situaciones no se pueden evitar, tienden a realizar ciertos rituales, como contar de manera repetitiva o rezar compulsivamente.

¿Cómo gestionar los pensamientos intrusivos?

Los pensamientos obsesivos en realidad son un síntoma que nos avisa de algo que tenemos que trabajar profundamente. Es por esto que uno de los primeros pasos es ir al fondo de ellos para identificar de dónde surgen, por qué se mantienen y poder trabajarlos desde la raíz. Igualmente, podemos utilizar algunas técnicas para gestionar los pensamientos de manera adecuada y disminuir su impacto en nuestra vida.

Observar los pensamientos

Algo súper importante que debemos entender es que no somos lo que pensamos. Es decir, muchas veces no podemos decidir lo que llega o no a nuestra mente, aquellas imágenes mentales que nos perturban no las podemos controlar y no por ello significa que queremos que pasen. Sin embargo, si podemos seleccionar lo que nos interesa quedarnos y lo que podemos desechar.

Cada vez que aparezca el pensamiento no hay que resistirnos a él, hay que dejarlo estar y observarlo, sino, se hará más fuerte. También, podemos investigar por qué aparece eso y luego decidimos si nos queremos centrarnos en él o no. Este ejercicio requiere de esfuerzo y entrenamiento, y es normal que al principio cueste dejar de fusionarnos con los pensamientos, pero si trabajamos de manera constante veremos como pierden fuerza y desaparecen.

Las mejores actividades para entrenar la mente son la meditación, el yoga o el mindfulness porque fomentan la concentración, la atención y el autocontrol.

Realizar ejercicio físico constantemente

Los pensamientos son energía y, por ello, es más fácil gestionarlos cuando hemos liberado el exceso de energía que nuestro organismo produce. Así que, lo mejor es hacer alguna actividad física a diario para tener una mente más clara, relajada y que la intensidad de los pensamientos recurrentes disminuya.

No juzgues ni rechaces los pensamientos intrusivos

Entonces, ¿cómo derrotar los pensamientos perturbadores? Justamente, sin magnificarlos, restándoles la importancia que consideramos que merecen. Como hemos mencionado anteriormente, cada vez que sucedan, recordemos que solo son pensamientos y que hay una diferencia entre ellos y las acciones. Así que, no gastes energía en intentar alejar el pensamiento. Hay que dejarlo llegar e irse por donde vino.

Y tampoco hay que tener miedo de compartirlos con alguien. Si vemos que la situación nos rebasa y nos impide avanzar con nuestras actividades diarias, pide ayuda a un profesional para que te acompañe y guíe hacia la salida del túnel.

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