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    Las terapias del mindfulness son herramientas accesibles que ayudan a conectar con el presente, reducir el estrés y mejorar el bienestar emocional. Estas prácticas, basadas en la atención plena, se centran en observar las experiencias internas sin juzgarlas, fomentando una mayor claridad mental y resiliencia diaria. En el artículo de hoy, exploramos las principales terapias del mindfulness con pasos para ponerlas en práctica y profundizar en el desarrollo personal.

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    Terapias del mindfulness: guía de técnicas y pasos

    Si se busca integrar el mindfulness en la rutina, entender cada técnica permitirá aplicarlas con confianza y obtener resultados visibles en la vida cotidiana.

    Mindfulness de la respiración: ancla en el presente

    El mindfulness de la respiración es una de las bases de las terapias del mindfulness, ya que te centra en el ritmo natural del aliento para calmar la mente dispersa. Para hacer esta práctica hay que buscar  un lugar tranquilo para sentarse cómodamente con la espalda recta. Así, se cierran los ojos suavemente y se dirige la atención a la sensación del aire entrando y saliendo por las fosas nasales.

    Si la mente divaga, hay que reconocerlo sin frustración y regresar al aliento. Se continúa así durante cinco a diez minutos, notando cómo cada inhalación trae atención y cada exhalación libera tensión. Esta práctica fortalece la capacidad de concentración y reduce la ansiedad de forma inmediata, convirtiéndose en un refugio rápido ante el ajetreo diario.

    Mindfulness del cuerpo: conexión física plena

    El mindfulness del cuerpo invita a explorar las sensaciones físicas presentes, liberando tensiones acumuladas. La práctica consisten en sentarse o tumbarse en un espacio relajado y cerrar los ojos. Se empieza por los pies, observando cualquier hormigueo, calor o pesadez sin intentar cambiar nada.

    Después se desplaza lentamente la atención hacia arriba: piernas, abdomen, pecho, brazos, cuello y cabeza, sintiendo cada zona durante unos segundos. Igualmente, hay que respirar hacia las áreas que se sientan apretadas, permitiendo que se suavicen naturalmente. Para esta exploración se dedican quince minutos a reconectar con el cuerpo y a aliviar el estrés físico que a menudo pasa desapercibido.

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    Mindfulness de la mente: observar pensamientos sin apego

    En el mindfulness de la mente, las terapias del mindfulness enseñan a tratar los pensamientos como conceptos pasajeros. Encontrar una postura estable, cerrar los ojos y notar el flujo mental sin engancharse en ninguna idea es el objetivo de la práctica. Etiquetar cada pensamiento como «pensado» y dejarlo ir con gentileza.

    Darle atención al espacio entre pensamientos y respirar profundamente para mantener la observación neutral son claves. Practicar durante diez minutos diarios para ganar distancia emocional ante preocupaciones recurrentes, cultivando una mente más serena y espaciosa que responde mejor a los retos cotidianos.

    Mindfulness de los sentimientos: aceptación emocional

    El mindfulness de los sentimientos transforma cómo manejar emociones intensas dentro de las terapias del mindfulness. Para ello, hay que sentarse con calma y escanear el estado emocional actual, reconociendo si hay alegría, tristeza, ira o calma sin juzgar su validez. Se puede hacer la práctica colocando una mano en el pecho y respirar hacia esa sensación, notando dónde se manifiesta en el cuerpo.

    Esto permite que el sentimiento fluya sin resistirlo, observando cómo cambia con cada aliento. Mantener esta práctica unos minutos para desarrollar compasión hacia uno mismo, reduciendo el impacto de emociones negativas y fomentando un equilibrio emocional más estable en el día a día.

    Mindfulness de la vida: integración diaria sostenida

    El mindfulness de la vida eleva las terapias del mindfulness al aplicarlo en actividades cotidianas como caminar, comer o trabajar. Elegir una rutina simple como lavarse los dientes y enfocarse completamente en cada movimiento: el agua, el cepillo, el sabor. Dirigir la atención plena a los sentidos implicados, regresando suavemente si hay distracción.

    Una buena forma para mantener el mindfulness de la vida es incorporando recordatorios diarios como notas en el móvil o pausas breves cada hora. Con el tiempo, esta práctica convierte lo ordinario en consciente, reduciendo el piloto automático y aumentando la presencia en relaciones, decisiones y momentos clave, para una existencia más plena auténtica.

    Las terapias del mindfulness no requieren experiencia previa; solo compromiso regular. Al empezar con una práctica al día es posible notar mayor paz interior y claridad.